Doña Chepa… y Elpidio

Por: Cirilo

En una pequeña ranchería del estado de Puebla había un matrimonio formado por una hacendosa mujer conocida como doña Chepa y un humilde campesino de nombre Elpidio, quien tuvo la desgracia de contraer una enfermedad

vistió con sus mejores ropas. Luego se fue al tendajo para “ajuararse” de todo lo necesario para atender a quienes llegaran a despedir a su marido.

Por supuesto que las botellas de anís, rompope y tequila no podían faltar. El chocolate, café, pan e ingredientes para preparar otros platillos también llegaron en la canasta.

Al regreso de su “mortis shoping”, doña Chepa llegó acompañada de un hombre mal encarado que “ni tardo ni perezoso” le tomó algunas medidas al futuro difuntito.

Por su parte, doña Chepa se metió a la cocina a preparar los bocadillos que ofrecería a los que fueran a darle el pésame.

Doña Chepa, además de ser muy alegre, simpática y bonachona, era también muy buena cocinera; seguramente por eso, tan pronto el olor llegó al olfato de don Elpidio, éste sacó fuerza de quien sabe donde, y como pudo llegó hasta la cocina. Al llegar no encontró a ninguna persona ahí pero sí una batea llena de tamales recién hechos, calientitos. Resulta también que para él no había nada mejor en el mundo que los tamales de su mujer. Se saboreó y sin pensarlo, hizo un esfuerzo sobrehumano para alcanzar tan delicioso manjar. Viendo que sus esfuerzos habían valido la pena, el hombre se traslada a la gloria aún estando con vida. Y estaba justamente gozando de uno de sus más grandes placeres cuando, repentinamente, siente un fuerte golpe en la cabeza que merma sus facultades y lo

hace presa de la debilidad en sus piernas; tratando de no desplomarse al suelo hace por voltear la vista. Alcanza a ver a su mujer con un cucharón de erro en la mano, diciéndole:

– ¡¡¡Ni se te ocurra tragarte otro, que no ves que son pa’l velorio…!!!