El Memorioso

Por: Cirilo

An image of an old man and his glasses

Un periodista que trabajaba en Salt Lake City, Utah, se entera que en el sur de México vivía un paisa que tenia súper buena memoria. Y como buen periodista investigador de sucesos extraños, decide viajar a México a investigar el asunto. Toma un avión, luego un tren, después un jeep y por fin, tras dos días a caballo por zonas casi inaccesibles llega a un poblado enclavado en la sierra Oaxaqueña. En su mochila solo carga un cambio de ropa, su libreta, su cámara, documentos personales, una botella de Fanta y una bolsa enorme de botanas de La Rana que probaba cada vez que el hambre apretaba.

Tras breves pesquisas acerca del paradero de tan mentado paisa, llega al jacalito que le han indicado.

Entra y ve a un hombre, nativo, de como 90 años, de aspecto lúcido, y suponiendo haber encontrado al sujeto que buscaba se dirige a él con la siguiente pregunta:

-Así que usted es quien tiene buena memoria…-

“Sí … yo soy.” Responde con toda serenidad el paisa.

-Y… ¿Me podría hacer una demostración?-

“Claro, ahí está mi diario de vida.”

Y le da un libro de como trescientas mil páginas. El periodista lo agarra y le comienza a preguntar:
-¿Qué pasó el 2 de abril de 1923?-

“Bueno, esa mañana amaneció nublado y yo me puse un chaleco rojo, mi mamá estaba cocinando un pato salvaje y un vecino gritó porque se le había caido una piedra en el pie…”

Y así pasan largo rato conversando. El paisa siempre acertaba. El reportero después de cada pregunta se engullía un puñado de duros de rueda, para calmar a la perra, a la perra hambre que lo acongojaba por tantos días sin comer debidamente. Varias horas de intenso interrogatorio después, el periodista se convence de tan extraordinaria memoria y decide volver a EEUU a darle forma a su historia, y al despedirse le pregunta…

-¿Qué fue lo primero que hizo cuando cumplió 15 años?-

“Me levanté a las 8 de la mañana y desayuné 2 huevos.”

-Cierto, cierto.-

Sin decir palabra, mas bien meditando la manera de explotar la minita de oro que acababa de descubrir, el periodista se va y convence a El Semanal de hacer un libro… Aprobado el proyecto lo publican y gana el púlitzer… el reportero se hace famoso y millonario con la historia.

Después de 30 años, al recordar el inicio de su fortuna recuerda aquella aldea y decide ir a visitar los restos del paisa que lo motivó a hacer tanto dinero.

Llega al pueblo del paisa, esta vez con un medio de transporte más rápidos y pregunta por la tumba del mentado memorioso, pero, cual sería su sorpresa cuando le dicen que el paisa aún vivía. Incrédulo, acude a su casa, al entrar lo ve sentado en una hamaca del corredor de aquella humilde choza y exclama:

– Pero… pero ¿Cómo… cómo… cómo…?

A lo que el anciano responde:

“Duros y Fanta… Duros y Fanta… Duros y Fanta”