Lealtad Conyugal

Por: Cirilo

Cuando trabajé de enfermero en la ciudad de Buenos Aires tuve la oportunidad de ayudar a mucha gente, pero también me enteré de algunas situaciones delicadas por las que atravesaban los pacientes, e incluso, llegué a escuchar algunas charlas que, más bien, eran como para tenerse en la privacidad del hogar y no ventilarse a los cuatro vientos en la sala de un hospital. Pero, en fin, me supongo que lo hacían por la gravedad del caso, como la historia que les presento a continuación.

El tema comienienza con un hombre que estaba en estado de coma; durante meses, salía y entraba de esa crisis. Aun así, su mujer, una abnegada morocha, permanecía a su lado todos los días, las 24 horas de cada comatoso día…

Una buena tarde que sale él del coma, le pide a su mujer que se acerque y con lágrimas en los ojos, él le dice:
“He estado pensando mucho y…. ¿sabes qué? siempre has estado a mi lado, en cada momento malo de mi vida. Tú has estado ahí, a cada tropiezo que la vida me ha dado, tú siempre te has encontrado a mi lado. En cada mala racha que me ha jugado la suerte tú invariablemente has estado ahí, junto a mí, como por ejemplo. ¿Te acuerdas cuando fui despedido del trabajo?”

-Sí mi vida.-

“Pues tú ahí estuviste y me diste ánimo.”

“¿Recuerdas cuando mi negocio quebró? Yo lo tengo bien presente porque tú estuviste ahí hasta el último minuto.”

-Sí querido, así fue.-

“Seguro también te acuerdas cuando me balearon, tú estuviste a mi lado hasta que sané. ¿No es cierto?”

-Pues sí, sí, efectivamente.-

“Qué tal cuando perdimos la casa, ¿lo recuerdas verdad? Te quedaste sin techo pero siempre a mi lado.”

“Y cuando mi salud empezó a decaer, estabas ahí mismo, siempre a mi lado.”

-Tú lo has dicho amorcito, así ha sido siempre.-

“Y hoy que estoy con este estado de salud tan cambiante no me has dejado y sigues a mi lado, sin separarte de mí un   solo instante. Por eso, he llegado a la conclusión y… mejor dicho he decidido… ¿Sabes qué?…”

-¿Qué, querido?- Pregunta ella sonriendo, a medida que su corazón se llenaba de ternura.

“¡Que me traes mala suerte….! ¡Alejate de mi piba salada!!!!!!!!”