¡Entrega Especial!

Autor desconocido

Eran las seis de la tarde cuando se acercó el doctor a Celia, le puso la mano sobre el hombro y le dijo;

-Es hora de llevar a Jimmy a la Universidad.-

Ella se incorporo y sollosante le dijo;

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–¿Por qué Doctor?, ¿Por qué mi hijo tuvo que morir tan joven?, ¿Dónde estaba Dios? Que no se apiado de él.–

El Doctor, sólo hizo una mueca de compasión y ordenó a los camilleros que procedieran a llevar el cuerpo sin vida de Jimmy, [un niño de sólo 10 años, que después de varios meses de sufrimiento, por un terrible cáncer, que le aquejaba y de haber sido sometido a radiaciones y cirugías, finalmente había muerto, dos horas atrás].

Jimmy, a su corta edad, había entendido la necesidad que tiene la ciencia por seguir avanzando en beneficio de la humanidad, por tal motivo, decidió que al morir su cuerpo fuera donado a la universidad, para que le hicieran estudios que pudieran servir para nuevos descubrimientos, consiente de que él, al morir ya no lo usaría más, pero que si podía, con él, ayudar a que la medicina avanzara beneficiando así a quienes, como él, padecían de ese terrible mal.

Celia por su parte, salió del hospital sin rumbo fijo y cuando finalmente, después de haber caminado por varias horas, llegó a su casa donde ahora ya no la esperaba nadie, debido a su condición de madre soltera y que como varios inmigrantes, el resto de su familia se encontraba en su país de origen. Lo primero que hizo fue dirigirse al cuarto de su único hijo, ahí estaban todas sus cosas, justo como él siempre las tenia. Se acostó en la cama y lloró hasta quedarse dormida, abrazando la pequeña almohada de Jimmy.

Despertó como a la medianoche y junto a ella, había una hoja de papel doblada. Abrió la carta, que decía:

“Querida Mami:

Sé que vas a echarme de menos, pero no pienses que te he olvidado o he dejado de amarte sólo porque ya no estoy ahí para decirte ¡TE AMO! Pensaré en ti cada día, mamita, cada día te amaré más y algún día nos volveremos a ver. Si deseas adoptar a un niño para no estar tan solita, podría estar en mi habitación y jugar con mis cosas. Si decides que sea niña, probablemente no le gustarán las mismas cosas que a los niños y tendrás que comprarle muñecas y cosas de esas.

No te pongas triste cuando pienses en mí; ¡éste lugar es grandioso! Los abuelos vinieron a recibirme cuando llegué y me han mostrado algo de acá, pero tomará mucho tiempo verlo todo. Los ángeles son muy amistosos y me gusta verlos volar.

Jesús no se parece a todas las imágenes que vi de Él, pero supe que era Él tan pronto lo miré. Jesús me llevó a ver a Dios y… ¿qué crees mami? Me senté en su regazo y le hablé como si yo fuera alguien importante. Le dije a Dios que quería escribirte una carta para despedirme de ti y todo eso, aún que sabía que no estaba permitido.

Dios me dio papel y su pluma personal para escribirte esta carta, creo que se llama Gabriel el ángel que te la hará llegar. Dios me dijo que te respondiera a lo que le preguntaste ´¿Dónde estaba Él cuando yo lo necesitaba?´ Dios dijo:

—En el mismo lugar que cuando Jesús estaba en la cruz. Estaba justo ahí, como lo está, con todos sus hijos.—

Esta noche estaré a la mesa con Jesús para la cena. Sé que la comida será fabulosa, ¡ah! Casi olvido decirte… ya no tengo ningún dolor; el cáncer se ha ido. Me alegra pues ya no podía soportar tanto dolor y Dios no podía resistir verme sufrir de ese modo, así que envió al Ángel de la Misericordia para traerme. El ángel me dijo que yo era una ¡Entrega especial!

 

Firmado con amor, de:

 

Dios, Jesús y Yo.