Pepito y el Inspector

Por: Cirilo

En una pequeña comarca del suroeste mexicano había una no tan apacible escuela, pues en ella estudiaba un pequeño chamaquillo de nombre José Jarías, mejor conocido como Pepito.
Un buen día estaba Pepito en el salón de clases cuando entra el inspector de la Secretaría de Educación e informa a la profesora que entrará a observar el desarrollo de la clase para evaluar su desempeño y el comportamiento de sus educandos. Le pide también que continúe con su clase mientras que él se ubicará al fondo del salón para observar todo el panorama. Acto seguido “el chicotito” de los profes se sienta en una silla vacía, justo ATRAS de Pepito. La profesora sin inmutarse continúa con su clase. Después de la explicación al tema que exponía da inicio la sesión de preguntas a los más distraídos:
-A ver Juanito ¿a quién se le conoce como el Padre de la Patria e iniciador de la Independencia de México?
“Al cura don Miguel Hidalgo, profesora.”
-¡Muy bien Juanito! Ahora dime Pedrito ¿cuál es el nombre de la corregidora que ayudó en esta causa?
“Doña Josefa Ortiz de Dominguez, maestra.”
-¡Excelente! A ver Conchita dime el nombre de la ciudad donde el cura Hidalgo dio el histórico grito que marcó el inicio de la guerra de Independencia.
“La ciudad de Dolores Hidalgo, profesora.”
Así continúa haciendo preguntas y el inspector nota que la profesora omite hacer preguntas a Pepito, por lo que discretamente se lo señala con el dedo para que lo haga participar. La profesora, un poco nerviosa porque no quiere que Pepito salga con una de sus vulgaridades, le prepara cuidadosamente una pregunta:
-A ver, Pepito, ¿recuerdas la clase de ayer en la que platicamos la historia del Himno Nacional?
“Claro que me acuerdo profesora.”
-¿Recuerdas qué le dijo el Sr. Francisco González Bocanegra a su esposa cuando ésta le pidió que él escribiera el Himno Nacional? Eso lo comentamos ayer Pepito.
“Sí profesora… lo tengo en la punta de la lengua…”
Mientras la profesora esperaba la respuesta, nerviosamente jugaba con un lápiz que acabó por caérsele al suelo. Al inclinarse a recogerlo mostró todos sus lindos atributos físicos. Entonces Pepito continuó…
“¡Ya me acordé! El tipo ese dijo: ¡Qué ricos melones tienes mamacita!”
La profesora, molesta por la respuesta, le pide a Pepito que salga del salón.
Pepito, muy serio, recoge sus cuadernos y libros e indignado voltea hacia el inspector y le dice:
“¡Si no sabes para qué soplas!… Baboso”.