Cuidado con las Bromas

Por: Cirilo

Érase una vez un pobre tipo que pasa el peor de sus días, pero que después de todo y sin darse cuenta es salvado por un desconocido.
Resulta que un individuo común y corriente, bueno más corriente que común, inicia su mediocre rutina diaria con la peor de las suertes y en la medida que avanzan las horas la vida se le complica a tal grado que termina en una cantina. A mí me tocó verlo ya en la cantina, pues yo era el cantinero en turno y me cay que si a mí me pasa eso, me doy un tiro arriba de la cabeza.
Figúrense que llega, pide algo de beber, algo que en verdad no recuerdo que era, pero era un trago fuerte, de esos que tomamos los hombres de verdad cuando tenemos ganas de desahogar nuestras penas y no coctelitos y demás bebidas ligeras que toman los jovencitos, mujeres e indecis@s.
Lo poco que recuerdo es que era de aspecto descuidado, lucía fatal, tenía cara de fracasado, era de mediana edad y traía el ánimo más caído y pisoteado que los pasillos de la estación Barranca del Muerto del Metro de la ciudad de México. Con decirles que llevaba ya como una hora sentado frente a la barra, mirando el vaso con el trago que le había servido, totalmente intacto, sin haber bebido nada, cuando llega un camionero alto y gordo, a quien por cierto le rugía el sobaco de manera salvaje, y sin decir agua va, el susodicho fortachón que toma la copa y se la bebe de un sólo trago. El pobre hombre se echa a llorar, y el camionero le dice:
“¡Vamos hombre, era sólo una broma, enseguida te pido otra copa!”
El agüitado parroquiano interrumpe bruscamente al hediondo visitante inesperado y en un tono melancólico le dice:
– No, no es eso, la verdad no es por el valor de la bebida, sino por mi triste mala suerte. Y aunque usted no esté para saberlo ni yo para contárselo, le sugiero que se ponga cómodo y me escuche. ¡Ah! y si quiere pedir otro trago, hágalo que yo se lo invito.
Una vez acomodados sobre un booth y bien servidos, el hilacho de hombre le cuenta su historia al ´Pepe le Pu´ aquél:
-Imaginase mi amigo que hoy ha sido el peor día de mi vida. Primero, llego tarde a mi trabajo por culpa de las ya cotidianas manifestaciones y como no era el primer bloqueo que me agarraba, que me despiden. Luego, al llegar donde había dejado mi coche, que no lo encuentro y haciendo investigaciones concluyo que me lo habían robado, justo ahora que se me ha vencido la póliza del seguro que no pude renovar. Llego a mi casa más temprano que de costumbre, por todo lo acontecido y ¡riajale! Que encuentro a mi esposa con mi vecino en plena acción camable. Harto de tan mala racha o mala pata me vengo para acá, decidido a ahogar mis penas y a ponerle punto final a todo esto, pero cuando por fin había cogido valor para acabar con mi vida… llega usted y se toma mi veneno.