Cosas del Más Allá

¡Ah! pa´sorpresitas

Tres amigos muy unidos por su amistad de toda la vida mueren simultáneamente, en un accidente automovilístico a altas horas de la madrugada, mientras regresaban de una parranda, de esas que acostumbraban correrse cada fin de semana. Por supuesto que iban en estado etílico y agotados de tanto brinco que habían pegado en el box… spring con aquellas exuberantes pu…chachas del sexual entertainment club localizado a las orillas de la población.
Los tres llegan al cielo, asombrados por el resplandor que prevalece en aquél celestial lugar y ante la imposibilidad de continuar con sus vidas en la tierra. Dócilmente siguen los señalamientos del angelical cuerpo de bienvenida y en menos de lo que se imaginan llegan ante la presencia del mismísimo San Pedro, administrador general de los accesos al Paraíso.
Muy gentilmente aquel hombre de avanzada edad, barba y cabellera blanca como la nieve, pero robusto como un roble, les da la bienvenida e informa de lo más sobresaliente de la vida en el cielo. En esos menesteres estaban cuando se desarrolla la siguiente conversación:
– Aquí en el cielo todos andan en vehículos y la calidad del vehículo a conducir depende de que tan bueno halla sido su comportamiento en la vida terrenal.-
En eso señalando al primer hombre le dice:
– Tú Juan por haber traicionado a tu esposa con otras 45 mujeres, andarás toda la eternidad con un incomodo auto compacto en mal estado, despintado y lleno de abolladuras.-
Al segundo hombre le dice:
– Tú Daniel por haber traicionado a tu esposa con otras 31 mujeres andarás en un Toyota año 89, en buen estado pero con ciertas fallas.-
Y al tercero le dice:
– Y tú José, por haber traicionado a tu esposa solamente con una mujer andarás en una limosina de lujo, equipada con toda la tecnología de punta que pueda llevar un auto, chofer privado, teléfono celular, piscina, baño con jacuzzi, cancha de tenis, etc…-
Los tres hombres se van con sus autos a andar por las calles celestiales atestadas de todo tipo de medios de transporte. Un buen día, después de varios meses, por coincidencia los tres amigos se encuentran en un semáforo, el que llevaba la limosina estaba llorando amargamente. Los otros dos extrañados de eso le preguntan:
–¿Por que lloras? si andas en el mejor auto del cielo y vives muy cómodamente.–
A lo que él responde:
“¡Es que acabo de ver a mi esposa en patineta!”