Más Cuidado con los e-Mails

¡Prepárate porque aquí hace un calor infernal!

Érase una vez un hombre de mediana edad, que trabajaba de editor de una afamada revista que tenía años de circular en el norte del estado de Utah. Se dice que un buen día decide tomarse una semana de vacaciones en las apacibles Bahías de Huatulco.

Cuentan las malas lenguas que el muy canijo, se fue solo y dejó a su mujer chambeando, “quesque” para pagar las facturas mensuales. Sin embargo, después de pasar la tarde asoleándome sobre la arena de la playa y la primera noche de reventón, dicen que le remordió la conciencia, así que hizo un par de llamadas en plena madrugada para conseguirle un pasaje a su esposa y una vez confirmado el vuelo se le ocurrió enviarle un e-mail para, primero, para contarle las maravillas del lugar y luego para darle la noticia de que la invitaba a caerle a Oaxaca para que gozaran juntos del paradisiaco lugar, pero, como aún andaba bajo los efectos etílicos cometió un pequeño error a la hora de teclear la dirección electrónica. Afortunadamente tenía la intención de llamarle tan pronto amaneciera para explicarle el plan y pedirle que imprimiera el boleto electrónico para que viajara a su encuentro.

Por mala suerte, el error de tecla ocasionó que el mensaje fuera a dar a la computadora de su vecina, la esposa de un obispo al que le llaman Bishop, que por cierto y casualmente había muerto el día anterior.

Se dice que la condolesiente señora, se levantó muy tempranito y después de alimentar a su solitaria decidió leer sus mensajes para agradecer las condolencias que había recibido. No me crean lo que sigue pero, hay quienes aseguran que cuando la viuda del Bishop miró el monitor dio un tremendo respingo, pegó un sonoro grito cuate, (o sea, por ambos lados) y cayó tiesa, muerta, sin vida e inerte al suelo.

Los familiares que la acompañaban en la casa corrieron a donde se encontraba y leyeron lo siguiente en el monitor lo que decía aquel correo:

“Querida esposa:
Acabo de llegar. Fue un largo viaje hasta aquí, aunque la mera verdad vale mucho la pena; todo es precioso, con muchos árboles, jardines, fiestas. A pesar de llevar pocas horas aquí ya me estoy sintiendo como en casa. Ahora me voy a descansar.
Sólo quiero decirte que ya hablé con toda la gente y tienen lista tu llegada aquí a lo largo de mañana.
Estoy seguro de que también te va a gustar mucho.
Besos de tu eterno, amoroso y abnegado marido.
P.D.
¡Prepárate porque aquí hace un calor infernal!”