El Amor que Une al Mundo

El Amor nos une y nos vincula de manera grandiosa, maravillosa y placentera

El amor tiene muchas maneras de ser manifestado, de manera que quien no lo exterioriza es porque difícilmente pueda sentirlo. De hecho, el amor es prácticamente imposible de esconderse, porque si bien no se expresa verbalmente, las acciones y la manera de ser son un fiel delator de los sentimientos que existen dentro de cada persona. En resumidas cuentas el amor es imposible ocultarse.

Sea cual sea el amor que se sienta y por quien se sienta, el amor es una manifestación pura de la esencia de cada quien. Ya sea hacia una madre, un hijo, la pareja o los amigos, el amor produce bienestar, por eso es que su cuidado es tan importante para mantener viva esa conexión típica del amor.

En el caso del amor de pareja, cuando se es correspondido, la sensación que se experimenta es única y maravillosa. La mayoría de las personas enamoradas están conscientes de que se trata de un sentimiento indescriptible e incomparable.

Si estamos receptivos al amor, vemos que ciertamente es el poder atrayente más fuerte de la creación. El Amor nos une y nos vincula de manera grandiosa, maravillosa y placentera, —todo parte del Dios único. Este amor nos conduce hacia nuestro verdadero ser espiritual y humano, volviéndonos cada vez más conscientes de nuestra divinidad. A la larga, el amor es más fuerte que el odio y las guerras —las batallas personales y las internacionales.

Es el amor de Dios expresándose por medio de varias leyes naturales que mantienen a los planetas en sus órbitas y a nosotros en nuestra forma humana. El amor está en todas partes y nos mantiene unidos como una gran familia.

Pero a veces, nosotros los humanos ponemos condiciones a nuestro amor —amamos solamente a ciertas horas y a ciertas personas. Quizás sentimos que sólo podemos amar a las personas que nos aman o que son iguales a nosotros. Pero esto no es utilizar nuestro poder maravilloso del amor de la manera correcta. El hecho es que todo el mundo es como nosotros porque todos somos parte del Dios único. Dios en ti es el mismo Dios en toda otra persona, sin importar lo que parezca.

Si tenemos la intención de vivir como Dios quiere que lo hagamos, tenemos que comenzar por amar a todo el mundo. Amar menos que eso, es no amar a Dios. Nuestra atención tiene que permanecer enfocada en la esencia de cada persona y no en las apariencias externas. No todos somos cortados con la misma tijera, así que siempre habrá diferencias externas. Pero todos somos hechos de la misma esencia.

Cuando permitimos que la calidez de nuestro amor fluya de nosotros, o bendecimos a todos con él, el mundo entero —especialmente nuestro mundo inmediato— se convierte en un lugar mejor. Tratamos a todas las personas de Cristo a Cristo y nuestro amor se hace sentir en sus vidas. Amar como Dios ama, es permitir que el amor fluya libremente, sin negárselo a nadie. Esto es lo ideal y como la mayoría de estos principios universales, puede que todavía nos falte camino por recorrer. Mas cuando nos damos cuenta de que todo el mundo quiere amar y ser amado y que todo lo que la gente hace es un llamado a ese amor, comenzamos a sentir cómo fluye hacia ella. En serio, se necesita mucha práctica para amar a todo el mundo, pero así es cómo Dios nos ama y es cómo se supone que debemos actuar. Y he aquí un súper bono: Cuando eres una persona amorosa, la gente no puede evitar notar tu resplandor y amarte a cambio.

El amor es un imán poderoso. Lo que sea que amemos lo atraemos a nuestras vidas. Si amamos a Dios, atraeremos bendiciones. A la larga, cada uno de nosotros se dará cuenta de que es parte de los demás y nuestro amor llegará a todos porque todos somos uno.

Sin embargo, a veces la convivencia y las múltiples responsabilidades del día a día pueden hacernos dar por sentadas muchas cosas y nos olvidamos de lo que es realmente más importante: el amor; dejando de manifestarlo con acciones y con esas palabras que pueden hacer de un día común, una experiencia extraordinaria.

Por eso, es importante que aprendamos el valor de un te amo, todos los días: Jamás dejará de ser bienvenido. Decir: te amo, es un acto del más puro sentimiento. Su mención a diario es una cura para todo mal que pueda sentir la otra persona en determinado momento.

Al expresar el amor de una forma concreta y verbal, las personas se sienten más importantes emocionalmente, seguras del amor que les profesan y aligeran todas sus preocupaciones a cuestas, porque saben que quien las ama sabrá estar ahí para apoyarle en cualquier circunstancia.

Un te amo con regularidad, mejora la salud, reduce el estrés y le da la confianza a las personas de que todo estará bien, pase lo que pase. Por eso, decirlo es tan importante como manifestarlo y ambas cosas deben ir siempre de la mano para que se complementen y surta sus efectos tranquilizantes y encantadores.

En el caso de las relaciones amorosas, manifestar verbalmente que se ama a la otra persona es vital y su efecto es mágico, al punto de mejorar la vida de la pareja, porque el amor se expresa sin dificultad.

Este catorce de febrero puede ser el pretexto ideal para manifestar ese amor, si es que no lo hacemos con regularidad. Puede ser también la ocasión ideal para adoptar la nueva costumbre de decir a diario un te amo a quienes nos rodean. Pronunciar estas palabras es una oportunidad que no todas las personas poseen. Por eso, si tienes a quien decírselo, siéntete alguien afortunado, y no dejes de expresar tu amor.
¡Feliz Día de San Valentín!