El Loro Prosaico y… Rajón

“Nueva casa, nueva madame.”

Enedina era una mujer de mediana edad, madre de dos chicas universitarias. José, su marido y padre de las muchachas era un hombre de intachable reputación, muy cariñoso y buen proveedor. Como las hijas y el marido salían desde muy temprano de casa y regresaban a media tarde, Enedina se la pasaba sola la mayor parte del día, por lo que un buen día se va a la tienda de mascotas con el propósito de mercar un perico, loro o cotorro para tener con quien platicar.

El joven que la atiende, le comenta que sólo tiene un loro, pero que éste había pertenecido a una señora, que tenía un BURDEL, por lo cual su vocabulario, no era del mejor, sino un tanto cuanto VULGAR, y de repente se portaba altamente insolente.

A Enedina no le importó ese defecto, de hecho se propuso asumir el reto de reeducarlo con nuevas palabras para cambiarle el vocabulario prosaico por uno decente y elegante, así que lo compra y se va feliz a su casa cargando su nueva mascota.

Tan pronto entraron al hogar Enedina destapó la jaula y el loro comenzó a observar detenidamente cada rincón y detalle de la casa, hasta que de repente pronuncia las siguientes palabras:
“Nueva casa, nueva madame.”

A Enedina le resulta gracioso el comentario y de manera espontanea suelta una sonora carcajada. Luego espera ansiosa a que sus hijas regresen de la escuela para presentarles a su mascota. Al llegar las chicas el loro divisa desde su jaula y exclama:
“Nueva casa, nueva madame, nuevas pirujas.”

Las hijas no pueden contener la risa, les parece un pájaro muy gracioso se preguntan que otras ocurrencias será capaz de decir esa emplumada mascota, así que lo alimentan y juegan con él mientras esperan a que su padre vuelva del trabajo. Cuando eso ocurre el loro arrienda a mirarlo y exclama:
“Nueva casa, nueva madame, nuevas pirujas, pero los mismos clientes… ¡Hola don Chepe!”