Por Promiscuo

A VEL SALTE...

Dos amigos de atrás tiempo se encuentran después de mucho tiempo de no mirarse y sostienen la siguiente charla:
-Qué pasó Pepón, ¿por qué ya no te juntas con los cuates ni has ido con nosotros de parranda?-
“Pues mira Jimmy, la mera verdad me da pena confesarlo pero como tú eres de confianza te lo voy decir” Y medio agüitado le dejó ir la ver… dadera historia de su pasividad.
“No estás tu pa´saberlo, ni yo pa´contartelo pero fíjate que todo empezó con mi último viaje a China. Durante mi estancia, todo fue miel en penca y como iba yo solo, me porté como un verdadero prostituto, fui promiscuo sexualmente hasta más no poder, pero, como no me gustan los empaques ni las plastificaciones y más bien soy amante de lo natural, pues no me protegí en lo absoluto, pensando en que no corría ningún riesgo de quedar embarazado y si eso terminaba por brotar, en primera no sería en mí y en segunda yo estría ya a miles de millas de distancia.
Pero cual sería mi sorpresa que al llegar a casa, después de dormir plácidamente como por 20 horas, que me levanto a tomar un buen baño de tina con “hartas” burbujas, y a luego, cuando ya estaba en la regadera enjabonando mi esbelto cuerpecito, que descubro en mi “parte noble”, lo que hasta entonces aún era también mi orgullo. Resulta que estaba lleno de unas manchas verdes y moradas, cual si estuviera camuflageado.
Y sí, te soy franco, pal combate me había salido muy bueno, siempre atento, dispuesto, listo y nada de que a media faena se doblara o se arrugara por las condiciones del campo de batalla. ¡NO! Jamás se le arrugo el pellejo ante el enemigo, siempre con la cabeza muy en alto y el pescuezo erguido. Pero hasta la fecha, nunca había tenido que usar uniforme, impermeable, ni verse en la necesidad de camuflagearse para atacar por sorpresa, pues siempre fueron enfrentamientos amistosos y deseados. Por eso, al verlo con esa especie de paño, acudí de inmediato al médico para que lo atendiera y lo dejara sano, sanito.
El doctor ordenó al laboratorio unas pruebas de sangre y después de recibir los resultados me dice”:
–Le tengo malas noticias. Usted está infectado por el virus de Mongolia. Es extremadamente raro y lo siento, pero no hay cura. Vamos a tener que amputárselo.–
“No terminaba de hablar el médico cuando brota de mi ronco pecho un sonoro grito, invadido por el horror: ¡Nooooo! ¡Quiero una segunda opinión!”
El doctor contesta:
-Bueno, es su decisión, pero le aseguro que la amputación es la única solución si quiere seguir con vida.
“Al día siguiente salgo muy temprano de mi casa todo apeñæjado a buscar un verdadero especialista en la materia. Y para un mal oriental un médico igual, así que me apersone en el consultorio de un doctor chino.
El doctor me pide que me desnude completito para examinarme y al ver aquello ENORME y con facha carnavalesca exclama”:
—¡Ohhhh!!!!!… Vilus de Mongolia. Muy lala enfelmedad.—
“Sí …..Sí …. Eso ya lo sé, pero… ¿QUÉ PUEDE HACER USTED? ¡mi médico familiar quiere amputármelo!
El doctor chino se ríe, moviendo la cabeza”:
—Estos doitoles glingos siemple quielen opelal, pala sacale más ninelo! ¡que güeno que venil conmigo polque esto no necesita opelal.—
“¡GRACIAS A DIOS!” Contesté aliviado, agradecido y feliz.
—No se pleocupe,— dice el doctor:
—A VEL SALTE…
Otla vez salte…
Vuleva a Saltal….
De nuevo Salte….
¡Ya ve! ¿qué le dije? ….. ¡¡¡SE CAYÓ SOLITO!!!—