Aguas con las Psicólogas

y al calor de las copas se entera que la susodicha era psicóloga

Me cuenta mi amigo el “Chepe” que en uno de sus viajes, le agarró la noche en un antro de aquel alejado lugar, y para no sentirse solo se empezó a integrar entre los demás parroquianos pero, que por razones que saltaban a la vista decidió quedarse estacionado junto a una güera a fuerzas, osease, coloreada del cabello, porque el pelo, según él lo tenía en color natural.
Ya entrados en la plática y al calor de las copas se entera que la susodicha era psicóloga, pero aún así se veía bien la doñita… El flechazo se había dado, el hielo se había roto, y la naciente relación los empujaba a cogerse algo de confianza, por lo que decide invitarla a su cuarto de hotel.
Una vez en el recinto, me cuenta él, que mientras que las copas iban y las caricias venían la pasión los condujo a un pasional y fogoso rato de lujuria desenfrenada, al menos en su primera etapa, ya que al tratar de ir más allá se enfrascaron en la siguiente conversa-discu-sión:
Él: Ven para acá, déjame besarte el cuello….
Ella: ¡Que libidinoso eres!
Él: Es que eres una belleza y me vuelves loco, ¡mi potra!
Ella: ¿Potra? ¿Te gusta copular con equinos? ¡….Zoofilico!
Él: Para nada. Es una forma de decir que estás buenísima… ¡mamita!
Ella: ¿Mamita? Acaso me estás usando para resolver tu complejo de edipo.
Él: Quiero decir que me encantas, que eres divina.
Ella: ¿Divina?… ¿Tienes fijaciones religiosas? para que sepas, la idealización o endiosamiento de la pareja es un claro síntoma neurótico.
Él: ¡Basta! Me tienes harto con tu mierda psicologísta.
Ella: ¿Mierda? Así que tu fijación es en la etapa anal, eh… ¿Sodomita?
Él: ¡Corta, corta por favor!
Ella: ¿Corta?, ¿entonces estás inseguro de tu miembro? ¿es eso?
Él: ¡Si sigues con esto te juro que te golpeo!
Ella: Tenía razón, desde el principio sospeché que eras un sádico.
Él: (LLORIQUEANDO) ¡Basta! ¡Te lo ruego! ¡No me vuelvas loco!
Ella: Hmm… Y también masoquista, muy típico.
Él: (AGARRÁNDOLA DEL CUELLO) ¡Me tienes podrido! ¡Te voy a matar!
Ella: Agghh… Y…encima… psicópata… Agghhg…
Él: (SOLTÁNDOLA) ¡No me persigas más con todo ese palabrerío! ¡Por favor, no me persigas más!
Ella: Entiendo… Paranoico y con delirio de persecución…
Él: ¡No! No ¡lárgate! Prefiero estar solo ¡Prefiero estar solo!
Ella: ¿Solo?, entonces…. ¿tus problemas principales son la autocomplacencia y el autoerotismo?
Él: ¡Socorroooooo! ¡Policía! ¡Policíaaaaaaa!
Ella: ¡Ah! ¿Era eso? ¿querías un tipo vestido de policía? Y diste todas estas vueltas para decirme que eres ¡maricón y fetichista…!