La Mentira

Yo sólo quería una noche de diversión…

Jenny, era una estudiante del decimo primer grado de High School. En su primera semana de vacaciones de verano fue invitada a una reunión con sus compañeros de la escuela. Ella pensó que sus padres no le darían permiso para ir a esa fiesta, de manera que les mintió y les dijo que iba al cine con una compañera.
Aunque se sintió un poco mal porque no les dijo la verdad, tampoco le dio muchas vueltas al asunto y se dispuso a divertirse.
La pizza estuvo bien y la fiesta genial: al final su amigo Pedro que ya estaba medio borracho, la invito a dar un paseo, pero primero, quiso dar una fumadita. Jenny no podía creer que él estuviera fumando eso, pero, aún así subió al coche con él…
De repente Pedro comenzó a propasarse. Eso no era lo que Jenny creyó que pasaría, por lo que pensó:
“Tal vez mis padres tienen razón, quizás soy muy joven para salir así. ¿Cómo pude ser tan tonta?” Con determinación y un tono molesto en su voz dijo:
“Por favor, Pedro, llévame a casa, no me quiero quedar contigo”.
Molesto, Pedro arrancó el carro y comenzó a conducir a toda velocidad. Jenny asustada, le rogó que fuera más despacio, pero mientras ella más le suplicaba, él más pisaba el acelerador.
De repente, vio un gran resplandor.
“Dios ayúdanos, ¡Vamos a chocar!” exclamó Jenny.
Ella recibió toda la fuerza del impacto, todo de repente se puso negro. Semi-inconsciente, sintió que alguien la saco del auto retorcido, y escucho voces que decían:
-¡Llamen a la ambulancia! Estos jóvenes están en problemas.-
Le pareció oír que los pasajeros de ambos vehículos estaban inconscientes.
Cuando despertó en el hospital una chica con cara triste le dijo:
-Estuviste en un choque terrible.-
Le informaron que Pedro había muerto y luego agregaron:
-Jenny, hacemos todo lo que podemos para salvarte, no queremos perderte a ti también.-
“Oiga… ¿Y la gente del otro carro?” Preguntó Jenny llorando.
-Murieron también.-
Jenny rezó:
“Dios perdóname por lo que he hecho, yo sólo quería una noche de diversión… Sólo eso”.
Y dirigiéndose a una de las enfermeras pidió:
“Señorita… Por favor, dígale a la familia de los que iban en el otro coche que me perdonen que yo quisiera regresarles a sus seres queridos. También dígale a mi mamá y a mi papá que lo siento, porque mentí, y que me siento terriblemente culpable de que varios hayan muerto. Por favor enfermera, ¿Les podría decir esto de mi parte?. Se lo ruego…”
La enfermera se quedó callada e inmóvil, como una estatua. Minutos después, Jenny… también murió.
La otra enfermera que estaba tomando el turno cuestionó duramente a la enfermera que estaba por salir:
–¿Porque no hiciste lo posible para cumplirle su última voluntad a esta niña? ¿por qué te quedaste callada?–
La enfermera miró a su compañera y con ojos llenos de tristeza, y le dijo:
-Por una simple razón… Porque la gente en el otro coche, eran su papá y su mamá que habían salido a buscarla”.