Misión Cumplida

El favor se lo hará ella, siempre y cuando pague el precio...

Un buen día llegó a una de esas casas que algunas personas tachan como “malas” pero, en las que generalmente te encuentras con puras “chicas muy buenas”. Al tocar a la puerta sale a recibirme la “Madame”, que en mi pueblo más bien se le conoce como la “ma…má grandota”, al verme tan apuesto y elegante, como siempre, me pregunta:
-¿Puedo ayudarlo?-
A lo que yo respondo:
“Quiero ver a Natalie, si me hace el favor.”
– No,- me responde ella y agrega, -el favor se lo hará ella, siempre y cuando pague el precio y, aquí entre nos, Natalie es nuestra Chica mejor… pagada.-
“¿Y…? mire yo debo ver a Natalie,” repliqué.
Al verme tan decidido la ´mamota´ hizo venir a la susodicha ejecutiva del placer ante mi presencia, quien después de saludarme espléndidamente me informa que ella cobra 3 mil dólares por la visita. Algo que a mí, desde luego, no me hizo ni pestañear, y para que se dieran una idea de con quien estaban tratando metí la mano en el bolsillo y le entregué treinta billetes de cien dólares.
Complacidas la ´Mdrota´ y la chicuela me condujeron hasta la entran de una de las habitaciones, en donde nos quedamos a solas Natalie y un servilleta. Al cabo de unos 46 minutos salí de ahí silbando.
La noche siguiente, me apersoné nuevamente pidiendo ver a Natalie.
Natalie replica que es muy raro repetir dos noches seguidas y agrega que si quería pedir descuento que ya me podía ir largando. Para calmarle lo acalorada le mostré los billetes y uno a uno le coloco los treinta Benjamines en su delicada manecita. Como el día anterior, subí hasta la alcoba en compañía de Natalie, permanecí con ella por espacio de una hora y luego salí silbando.
Para sorpresa del estaf, de aquel ya conocido lugar, volví una tercera noche consecutiva, nadie podía creerlo. Repetí el ritual y la Natalie me condujo hasta su aposento donde permanecimos por poco menos de una hora. Al salir, Natalie ya sorprendida me comenta:
– Nadie había usado mis ´servicios´ tres noches consecutivas. ¿De dónde es usted?-
Con toda la naturalidad que me caracteriza le respondo:
“De la ciudad de México.”
-¿En serio?- contesta ella. -Tengo familia en esa ciudad.-
“Lo sé,” le respondo de inmediato. “De hecho, tu padre falleció y yo soy el abogado de tus hermanas. Ellas me pidieron que te entregara tu parte de la herencia.”
Con curioso asombro la puchacha me cuestiona:
¿Y a cuanto asciende el monto de mi herencia?
“A nueve mil dólares… ¡misión cumplida! Con permiso y hasta luego.”