Preso por Culpa del Me Too

La primera fue al pedir una fotocopia

Ahora resulta que ya los hombres no podemos ni abrir la boca, pues con esto del Me Too, cualquier cosa que digamos lo usarán en nuestra contra. Desde que inició esa caraja campaña a mi ya van 4 veces que me meten preso.

La primera fue al pedir una fotocopia
Llegué al área de fotocopiado de una Office Max y le digo a la señorita:
“¿cuánto me cobras, por los 2 lados?”
Al chico rato llegó comandante Timoteo y me llevó preso acusado de acoso sexual.

La segunda fue al regresar del almuerzo
Caminaba tranquilamente sobre la acera de la State Street y al pasar frente a uno de esos moteles que abundan por ahí me topé con unas lindas chicas a las que saludé, luego, una de ellas me preguntó la hora , a lo que muy caballerosamente yo le respondí:
“Un cuarto para las dos.”
A luego luego que me agarran a bolsazos y casi de inmediato llega una patrulla y… ¿quién creen que venía al volante? Otra vez el ´tomandante´ Timoteo que, ya con saña, me trepó a la patrulla y me remitió a prisión bajo la acusación de acoso sexual en la vía pública.

La tercera fue mientras trabajaba y a causa de eso perdí mi empleo
Esa vez yo estaba en la tienda de ropa ´Los Chones a Bajo Precio´, donde yo trabajaba, cuando entró una clienta, quien después de mirar algunas prendas se aproximó a mí y me hizo la siguiente pregunta:
-¿Cuánto vale esta falda?-
Yo le respondí:
“$75 más impuesto.”
Ella volvió a preguntar:
-¿Y aquellas bragas rosadas?-
Yo le dije:
“$135.”
Entonces ella un poco alterada me dijo:
-¿Está usted loco? ¿Cómo que las bragas están más caras que la falda?-
A lo que yo le respondí:
“Si gusta, le subo la falda y le bajo las bragas…”
Y ¡riájale!, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba el chota Timoteo subiéndome a su coche patrulla…

La cuarta y más reciente fue en el restaurante ´La Pancita de Santiago´.
En el restaurante pedí a la chica un estofado de lengua acompañado por 2 huevos estrellados. Justo cuando me traía la orden recordé que no debía comer huevos por el colesterol, así que en cuanto llegó a mi mesa le dije de una manera muy gentil:
“¿Podrías sacarme los huevos y pasarme la lengua, por favor?”
Y aquí estoy, escribiendo mi historia desde la prisión para que luego el buen Cirilo la haga pública en El Semanal.