Tantaneando

Next Generation

Era una bruja tan tonta, tan tonta, que no se dedicaba a las ciencias ocultas porque no las encontraba.
Era un caballo tan cansado, tan cansado, pero tan cansado, que al ponerle la silla se sentaba.
Era un capataz tan malo, tan malo, pero tan malo, que ni jugando al ajedrez conseguía mover los peones.
Era una casa tan elegante, tan elegante, que las cucarachas vestían de gala para cenar.
Era una casa tan grande, tan grande, pero tan grande, que la familia tardaba varios días en reunirse.
Era una casa tan pequeña, tan pequeña, pero rete bien pequeña que cuando venía le médico, el paciente tenía sacar la lengua por debajo de la puerta.
Era un cazador tan malo, tan malo, pero tan malo, que cuando iba a cazar, los conejos en lugar de huir le pedían autógrafos.
Era una chica tan mona, tan mona, pero tan mona, que sólo comía bananas.
Era un chino tan patriota, tan patriota, pero tan patriota, que cuando buscaba un número de teléfonos sólo consultaba las páginas amarillas.
Era tan chiquito, tan chiquito, pero tan chiquito, que cuando se murió en lugar de ir al cielo… se fue al techo.
Era un chiste tan malo, tan malo, pero tan malo, que tuvieron que castigarlo.
Era tan delgada, tan delgada, tan delgada que un día se comió una lata de frijoles y parecía un rosario.
Era tan deforme, tan deforme, que era más fácil reconocerla por su huella digital.
Era un dibujante tan malo, tan malo, tan malo que cuando se ponía a dibujar, en vez de agarrar el lápiz, tomaba directamente la goma de borrar.
Era un dibujante tan exigente, tan exigente, que pedía los pulpos con tinta china.
Era un escritor tan verde, tan verde, pero tan verde, que escribía sus novelas en hojas de lechuga.
Era una escuela tan pobre, tan pobre, tan pobre, que el maestro tenía que poner hasta los alumnos.
Era un espermatozoide tan bobo, tan bobo, tan bobo, que le llamaban: el tonto de los cojones.
Era un espía tan profesional, tan profesional, pero tan profesional, que mientras se duchaba se espiaba a si mismo por el ojo de la cerradura.
Era tan bobo, tan bobo, pero tan bobo, que en las olimpiadas para bobos ganó dos medallas de oro. Una por bobo y la otra por si la perdía.