Tantaneando

Next Generation II

Era una familia tan flaca, tan flaca, tan flaca que cada vez que se despertaban, no se encontraban.
Era tan fea, tan fea, tan fea que la única vez que le silbaron, se dio vuelta y la atropelló un tren.
Era tan feo, tan feo, tan feo que asustaba hasta los ciegos.
Era tan feo, tan feo, tan feo que a los 3 meses aprendió a caminar, porque nadie lo cargaba en brazos.
Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació, el doctor le dio la nalgada en la cara.
Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació el doctor lo tiró al agua y dijo… “si nada es cocodrilo”.
Era una familia tan numerosa que la cigüeña dormía con ellos.
Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que cuando caminaba sentía que le aplaudían por detrás.
Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que cuando tomaba un taxi, su ángel de la guarda tenía que viajar en otro.
Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que el cinturón se lo ponía con un boomerang.
Era un hipopótamo tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que cuando abría la boca se le veían los pies.
Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto que se tropezó en un pueblo y fue a caer a otro.
Era un hombre tan avaro, tan avaro, tan avaro que iba en silla de ruedas para no gastar los zapatos.
Era un hombre con la boca tan grande, tan grande, tan grande, que cuando salía a la calle se la llenaban de cartas.
Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto que Delta Air Lines lo contrató como semáforo de aviones.
Era un hombre tan bajito, tan bajito, tan bajito que se sentaba en una peseta y le sobraban dos reales.
Era un hombre tan obediente, tan obediente, pero tan obediente que cuando fue al médico y vio un cartel que decía “sea breve”… se murió.
Era un hombre tan caballeroso, tan caballeroso, tan caballeroso que pedía a un pie permiso para adelantar el otro.
Era un hombre tan cabezón, tan cabezón, tan cabezón que en vez de piojos tenia gremlins.
Era un hombre tan calvo, tan calvo, tan calvo que se le veían las ideas.