La Conversión de un Judío

A estudiar Samuelito

Un papá judío de nombre Jalil, con la mejor de las intenciones, había enviado a su hijo al colegio más caro de la colectividad judía, pese a sus intentos, Samuelito no daba pie con bola. Sus calificaciones eran las peores del colegio, y si no me creen, echen un vistazo:

Boleta del primer semestre:
Matemáticas P
Geografía D
Historia D-
Literatura F
Conducta F–

Estas espantosas calificaciones se repetían mes a mes, hasta que el Jalil de plano se cansa y habla con su hijo de la siguiente manera:
“Mbirra Samuelitos, berro escúchames bien lo que te voy dicir, si el bróximos semestres tuyas calivicaciones y tuyo combortamientos no bejorran, te voy a bandar a estudiar a un colegios católicos”.
Al semestre siguiente las notas de Samuel fueron una tragedia sólo comparable con la administración Trump. Así que el padre cumplió con su palabra.
A través de un rabino cercano a su familia, se conecto con el obispo de la diócesis, quien le recomendó la Escuela Coral de la Magdalena. Plantel excepcional por su nivel académico y materias adicionales como lenguas; latín, español, francés, etc…, un alto enfoque en las artes, con mayor énfasis al canto y a la música, una maravilla de escuela, por cierto, muy bien disciplinada también. Pues ahí fue enviado Samuelito, quien mejoró notablemente sus calificaciones, y si no me creen, échenle un vistazo:

Boleta del primer cuarto:
Matemáticas B
Geografía C+
Historia B+
Literatura A-
Conducta A

Boleta del primer semestre:
Matemáticas A-
Geografía B-
Historia A-
Literatura A
Conducta A+

Boleta del año completo:
Matemáticas A+
Geografía A+
Historia A+
Literatura A+
Conducta A++

Al concluir el año, Jalil muy sorprendido le pregunta a Samuelito su hijo:
“Berro Samuelitos, ¿Qué basa que agorras os va tan bien en los colegios?…. ¿Cómo ha sucedido ese bilagros?”
-No sé papá. Estos católicos tienen una manera tan efectiva de convencer a uno, que tú no lo crees. Te cuento, al llegar al colegio me presentaron a todos los compañeros y a todos los profesores y luego, una tarde, fuimos a la mezquita, al templo, a lo que ellos llaman la Catedral. Cuando entré vi a un hombre crucificado, con clavos en las manos y en los pies, con una corona de espinas, fea en verdad, marcas de haber recibido una dura tortura, una cara de haber sufrido mucho y todo ensangrentado. Pregunte a los niños del coro que ¿quien era Él? Un alumno de los cursos superiores me respondió lo siguiente:-
— Él era un judío, igual que tú, que fue enviado a nosotros, por su padre… —
En ese momento, sin escuchar más nada de aquél relato, llegó a mi, por convicción propia, mi transformación, pues me dije a mi mismo:
-¡¡¡Ah cabrown!!! a estudiar Samuelito, pues por lo que se mira, aquí no se andan con chinaderas.