El Regalo de Navidad

Querido Papá Noe...

Alfredito estaba muy contento en aquella Navidad, pues era una fecha muy importante. Era el día del cumpleaños del Niño Jesús, y lógicamente, el día en que Papá Noel vendría de visita como todos los años.

Con sus siete añitos, esperaba ansiosamente el anochecer, para volver a dormir y espiar el calcetín que estaba colgado en el frente de la puerta, pues no tenían árbol de Navidad. Se quedó despierto hasta muy tarde, para poder ver a Papa Noel, pero como el sueño fue mayor que su voluntad, se durmió profundamente.

En la mañana de Navidad, observó que su calcetín ya no estaba, y que no había regalos en ningún lugar de su casa.

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Su padre estaba desempleado. Con los ojos llenos de lágrimas, observaba atentamente a su hijo, y esperaba tomar coraje para hablar con él y explicarle, que su sueño no existía. Con mucho dolor en el corazón lo llama:

-Alfredito, hijo mío, ven…-
Pero antes de que el padre pudiera hablar, notó en el rostro de su hijo una enorme tristeza y lagrimas que brotaban de sus ojitos al tiempo que le dice:
“¿Papá?”
-¿Qué sucede hijo?-
“Papa Noel se olvidó de mí…”
Al decir eso, Alfredito abraza a su padre y los dos se ponen a llorar, pero en cuestión de segundos el niño le pregunta a su padre:
“-¿También se olvidó de ti, papá?”
-No hijo mío. Yo no lloro por eso. El mejor regalo que yo podría tener en toda la vida está en mis brazos, y despreocúpate pues yo sé que Papa Noel no se ha olvidado de ti.-
“Pero cómo de que no, si ya todos los niños están jugando afuera con sus regalos… ¿Se saltó nuestra casa?”
-No, no la saltó… tu regalo te está abrazando ahora, y te va a llevar a uno de los mejores paseos de tu vida.-

Y así fueron a un parque, y Alfredito jugó con su padre durante todo el día, volviendo recién al caer la noche. A pesar de haber llegado a su casa muy cansado, Alfredito fue a su cuarto, y le escribió a Papa Noel:

“Querido Papá Noel:
Yo sé que es muy tarde para escribir pidiendo cosas, pero quiero agradecerte el regalo que me diste. Deseo que todas las Navidades sean como ésta: que hagas que mi papá se olvide de sus problemas, y que él pueda distraerse conmigo, pasando una tarde tan maravillosa como la de hoy.
Gracias por mi vida, porque descubrí que no es por los juguetes que somos felices, sino por el verdadero sentimiento que está dentro de nosotros, que el Señor despierta en la Navidad.
Te agradece por todo,
Alfredo.”

Y se fue a dormir.

Entrando al cuarto para dar las buenas noches a su hijo, el padre de Alfredo vio la cartita y a partir de ese día no dejó que sus problemas volvieran a afectar su felicidad, se propuso hacer que todos los días, para ambos, fuesen Navidad.

Si un niño de siete años, consiguió percibir que los mejores presentes que se pueden recibir no son materiales, ¿por qué nosotros no hacemos lo mismo?
Mis mejores deseos para esta época decembrina es que todos hagamos que cada día sea Navidad, valorando la amistad, el cariño y todos los buenos sentimientos que existen dentro de nosotros.