Los Mandamientos y La Bicicleta

El sexto.- No fornicarás a…

Érase una vez un hombre común, como los hay tantos. Un tanto cuanto católico, como los hay de a montón. Que al disponerse a salir a dar una vuelta en su bicicleta se da cuenta que no está en el lugar donde acostumbra guardarla. Un poco desconcertado se pone a buscarla por toda su casa sin encontrarla. Algo cabreado comienza a repetir aquello que hace varias cuaresmas aprendió en sus clases de catecismo, aunque él lo hizo de una manera algo peculiar:

“¡Caramba! Que me han robado mi bicicleta… a mí, que cumplo fielmente con los mandamientos de la ley de Dios. Señor ¿Por qué me pasa esto, a mí?

El primero.- Amar a Dios sobre todas las cosas. Yo lo hago y… ¡me roban mi bicicleta!

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El segundo.- No pronunciar el nombre de Dios en vano. Yo no lo hago y… ¡me roban mi bicicleta!

El tercero.- Santificarás las fiestas. Yo las santifico y… ¡me roban mi bicicleta!

El cuarto.- Honra a tus padres. Yo los honro y… ¡me roban mi bicicleta!

El quinto.- No matarás.- Nunca he matado y sin embargo… ¡me roban mi bicicleta!

El sexto.- No fornicarás a… la… mu…jer …de… tu… ve…ci…no… ¡Ah, que la chinita! …Ya me
acordé dónde dejé mi bicicleta.