La Lógica de las Monjas

La única cosa lógica para hacer es...

Éstas eran dos monjas que habían salido del convento para vender rompope. Una de ellas es la hermana María y la otra es la hermana Luisa. Entre ellas se desarrolla la siguiente conversación:
“Hermana María Comienza a oscurecer y nosotras todavía estamos lejos del convento.”
-Cierto hermana Luisa, a propósito ¿Ya te diste cuenta que un hombre está siguiéndonos desde hace como media hora?-
“¡Ay! hermana María, ¿qué será lo que quiere ese hombre?”
-Hermana Luisa malícielo, eso es lógico ¡él quiere violarnos!-
En eso se aproximan a un largo y oscuro camino que es paso obligado para llegar al convento.
“¡Oh, no! Si continuamos a este ritmo él nos va a alcanzar cuando vayamos a mitad del callejón ¿Qué haremos?”
-La única cosa lógica para hacer es caminar más rápido.-
“Hermana María, eso de caminar más rápido no está funcionando.”
-Claro que no hermana Luisa, porque él también hizo la única cosa lógica que podía hacer, aceleró el paso.-
“¿Y ahora, que debemos hacer? Él nos alcanzará en un minuto.”
-La única cosa lógica que nos resta hacer, hermana Luisa, es separarnos. Tú vas para aquel lado y yo voy por aquel otro. De esa forma él no podrá seguir a las dos, al mismo tiempo.-
Entonces, el hombre decidió seguir a la Hermana María…
La hermana Luisa llegó al convento preocupada por lo que pudiera haberle sucedido a la hermana María. Pasado un buen tiempo, llega la hermana María y la otra le pregunta:
“Hermana María ¡gracias a Dios que llegó! Cuéntame lo que sucedió.”
– Sucedió lo lógico. El hombre no podía seguirnos a las dos, entonces él optó por seguirme a mi.-
“Eso ya lo sé pero, después que yo me alejé y la siguió a usted … Entonces, ¿qué sucedió?”
-Lo lógico, yo comencé a correr lo más rápido que pude y él corrió lo más rápido que él podía también…
Intrigada y curiosa la hermana Luisa interrumpe para cuestionar nuevamente:
“¿Y entonces?….”
-Nuevamente sucedió lo lógico, él me alcanzó.-
“Oh, Dios mío. Y tú ¿qué hiciste?”
-Hice lo lógico, me levanté el hábito.-
“¡Oh, por Dios! hermana María y… ¿qué hizo el hombre?”
-Él, también hizo lo lógico, se bajó sus pantalones.-
“¡Dios Santo! … no me diga que …”
-¿No es obvio, hermana Luisa? ¡Una monja con el hábito levantado consigue correr mucho más rápido que un hombre con los pantalones bajos.-

Nota del editor:
Si usted pensó en otro final para la historia, rece: 20 Padre Nuestros y 200 Ave Marías, luego pida a Dios para que limpie su mente cochambrosa.