La Viuda y El Ranchero “Alegre”

...modosito y de aspecto “alegre”.

Un exitoso ranchero falleció y dejó todo a su amada esposa. Ella era una mujer muy guapa con la determinación de continuar con el rancho de su difunto marido, pero conocía muy poco sobre ranchería, así que decidió publicar un anuncio en un periódico para contratar a un buen administrador.

Dos rancheros llegaron a solicitar el trabajo. Uno de aspecto desaliñado con aliento alcohólico y otro algo delicadito, modosito y de aspecto “alegre”.

Ella lo pensó largamente y como nadie más se presentó para el puesto, decidió contratar al muchacho “alegre”, pensando que estaría más segura con él y no con el borracho.

El delicadito muchacho demostró saber muy bien su trabajo y dedicaba largas horas a la administración del rancho. Por semanas trabajaron conjuntamente la patrona y él, y el rancho iba bien.

Un día, después de cómo tres meses de arduo trabajo, la viuda le dice al muchacho “alegre”:
“Has hecho un gran trabajo y el rancho va muy bien. Deberías de visitar el pueblo y divertirte un poco”.
Al muchacho “alegre” le encantó la idea y el sábado por la noche se fue al pueblo.

A la una de la mañana, la viuda se percata que su caporal no había regresado, así que se queda al pendiente. Dieron las dos y continuaba sin aparecer. Finalmente, ya cerca de las 2:30 am llega medio tambaleante y se topa con la viuda sentada junto a la chimenea, con una copa de vino en su mano.

Ella lo mira de arriba a bajo y suavemente le dice:
“Desabotona mi blusa”
El muchacho “alegre” un poco tembloroso hizo lo que le pedía la viuda, quien luego le dijo:
“Ahora mis botas.”
Y el chico contento siguió las órdenes de la bella mujer.
“Ahora, delicadamente, mis medias…”
El delicadito caporal hizo de nuevo lo que le pedía la patrona y con sumo cuidado puso las medias dentro de las botas.
“Ahora mi falda…”
Suavemente desabotonó la falda, clavando su mirada en los ojos ardientes de la viuda.
“Ahora mi brassiere”, demandó la viuda y él hizo lo que le pedía con manos temblorosas, dejándolo caer en el piso.

Luego ella lo volvió a mirar de arriba abajo y le dijo:

“Si vuelves a ponerte mi ropa, estarás despedido…”