¿Qué es la Navidad?

Tal parece que la Navidad ha perdido su sentido

Por Martin Alcocer

Navidad, es una palabra que engloba alegría, reconciliación, paz y amor. Y cuando se logra conjugar, en la proporción adecuada, esos cuatro elementos, se puede disfrutar de una verdadera Navidad.

Sin embargo, al mirar a mi alrededor y ver al mundo enloquecer por la preocupación de la pandemia y de la imposibilidad para celebrar las grandes fiestas y reuniones de esta temporada, pienso:

- Advertisement -

¿Cuándo perdimos el verdadero sentido de lo que es la Navidad?
¿En qué momento nos desviamos de esa maravillosa energía?

El mes de diciembre siempre ha tenido la connotación amorosa, la representación del renacer del ser, inmutable y sereno, pero las personas se han dado a la tarea de hacer de este tiempo un tiempo de mercadeo, de derroche, de fiestas, de conflicto, de tristeza, de dolor por no poder dar a sus seres queridos un regalo material que demuestre su afecto.

Y en realidad, la Navidad no es nada de eso.

El amor se entrega a través de un abrazo, de un beso, de una caricia. Y cuando se vive a la distancia, una tarjeta, una carta, una llamada son una buena manera para demostrar nuestro amor. En cambio nosotros, hemos etiquetado el amor en una joya, en un vestido, en un juguete…es por ello que la Navidad ha perdido su sentido.

La unión familiar no se expresa de la manera adecuada. Estamos en unión pero no lo estamos. Nuestros niños tienen los juguetes, pero no tienen los padres, que jueguen con ellos, porque están ocupados en sus conversaciones de adultos.

Los niños se meten en sus mundos de juegos y sus padres en sus mundos de adultos y la familia va tomando una connotación, de tú en tu mundo y yo en el mío. Aun viviendo bajo el mismo techo o en la misma ciudad nos hemos ido alejando.

Una separación, una división.
Creemos mantener una vida perfecta y en el momento menos oportuno nos damos cuenta que ya no tenemos nada, que estábamos caminando solos en la vía, que los demás se quedaron atrás o yo me quedé lejos de ellos. El egoísmo es el que marca el sendero. Por eso durante este año, al vivir las restricciones por la pandemia, el aislamiento, cuarentena y el #QuédateEnCasa nos hemos visto inmersos en una gran frustración.

Todo esto es parte del deterioro del nosotros mismos. Pues fuimos enviados a este mundo para cuidarlo y para convivir en armonía, con respeto y amor a nuestros semejantes, Sin embargo, nos hemos perdido en un deterioro de valores y una destrucción de nuestro medioambiente.

No existe el respeto de los espacios entre nosotros, ni aún ahora con el riesgo de contagio. La libertad se ha confundido y el niño se siente abandonado y recurre a algo que llene su tiempo. Crece confundido y sin valores, por eso reclama y exige que cambien las leyes para hacer legal lo que antes era un delito o un crimen, como el uso de las drogas y el aborto.

Aprovechando esta temporada que, a muchos, invita a la reflexión, les invito a que levanten su mirada al cielo y observen las nubes pasar impulsadas por el viento, los animo a que busquen la oportunidad de sentir a la brisa mover sus cabellos, que observen el impresionante tamaño de las montañas que nos rodean, la blancura de la nieve cuando las cubre, el aroma de la tierra mojada, el baile de los árboles cuando llega el viento a despojarlos de sus plagas, la roca que a pesar que no se mueve, se hace sentir y tiene su función en el ecosistema.

Todo esto nos lo dio el Creador para cuidarlo. Y nosotros ¿Qué estamos haciendo con todo ello? Somos ciegos y nos creemos tan independientes y autosuficientes, hasta que vemos que los planes humanos se tienen que postergar, porque el Creador ocupa que pensemos más en Él y reflexionemos sobre nuestra misión en la tierra.

¿De qué sirve construir ciudades gloriosas, si el hombre mismo no dedica tiempo para formarse? ¿De nada sirve construir un mejor mundo material, si la humanidad, que funge como constructora, se vuelve dada vez más inhumana?

¿De qué nos valen centros comerciales hermosos, si nuestros hijos están derrumbándose ante las drogas, el alcohol y los videos juegos? (videojuegos que la mayoría consisten en violencia y asesinatos).

¿De qué nos vale desarrollo si en nuestros corazones nos endurecemos y dejamos de percibir la belleza del amor y la unión familiar?

Los grandes líderes, son los que entienden, que su responsabilidad número uno, es con su propia disciplina y desarrollo personal. Si no te diriges a ti mismo no podrás dirigir a los demás. Nadie puede llevar a otros más allá de lo que se ha podido llevar a sí mismo. No trates de decirle a tu hijo, que no consuma licor, si tú tienes un vaso en la mano. No trates de sacarlo de las drogas, con un cigarrillo en tu boca.

Los adultos somos para los jóvenes el ejemplo a seguir. Ya es tiempo de que asumamos el papel que jugaron nuestros abuelos en nuestras vidas. Es tiempo de moderar nuestra actitud y corregir nuestro comportamiento para inspirar a nuestros hijos y nietos.

Que esta Navidad sea tu propósito el comenzar a construir una verdadera familia. Que el tiempo sea compartido, entre tus responsabilidades laborales y la responsabilidad de tu hogar. Que tu vida deje de ser tan monótona, fría y se llene de paz y calor a través del amor incondicional a los tuyos y a los que te rodean.

Es mi intención que en esta Navidad todo aquel que necesite el amor le sea entregado a través de un abrazo y un beso, o una tarjeta y una llamada. Hagamos lo posible para que no se quede ningún niño, sin el amor de sus padres. Reconcíliate contigo mismo, entrégate y sé como realmente eres: Esencia pura de amor divino.

Feliz Navidad a todos y que el Creador nos conceda un año nuevo lleno de salud y mucha prosperidad.