El Eliminador

El que le entendió se rió y el que no… con la duda se quedó

Tres amigos que acostumbran jugar golf juntos están listos para iniciar la partida un sábado, cuando se les acerca un solitario jugador y les pregunta si podría acompañarlos. Los amigos se ven las caras y deciden aceptarlo:
–Con gusto, ven con nosotros– le dicen.
A unos dos hoyos de haber comenzado, los amigos no pueden resistir la curiosidad y, entablando conversación con el extraño, le preguntan que hace para ganarse la vida.
“Soy un “Eliminador.”
Los tres amigos comenzaron a reír.
“Sí, de verdad,” continuó el extraño. “Soy un Eliminador. Elimino gente, mi arma está en el saco de palos; la llevo conmigo a todas partes. Si quieren, le pueden dar un vistazo. Uno de los amigos decide verificar la
historia y al abrir el saco, ve un rifle con una enorme mira telescópica. Asombrado dice:
-¡Que pieza tan hermosa! Apuesto que podría ver mi casa con esto,- y le pregunta al Eliminador,- ¿Puedo probar?-
“Seguro,” le contesta éste.
Así que el hombre mira por un segundo a través de la mira telescópica y dice:
-¡Vaya que sí se puede ver mi casa! Hasta veo a mi mujer, desnuda en el cuarto. ¿N0 es hermosa? ¡Un memento! También está mi vecino. Y… ¡DESNUDO TAMBIÉN!-
Totalmente alterado, le pide al Eliminador que lo ayude a limpiar su honor. El Eliminador le contesta:
“Bueno, a mi me pagan 10 mil dólares por cada vez que jalo el gatillo, tu decides.”
A lo que el marido agraviado responde:
-¡Wow! (¡Guau!), $10,000 ¿eh? Eso es mucho dinero… pero no soporto esta traición. Tienes que hacer dos eliminaciones, una a mi mujer, justo en la boca, porque nunca para de hablar, y otra al tipo ese, en los genitales, ¡para que aprenda a respetar a las mujeres de los demás! ¿Sale y vale? Te pagaré los veinte mil, así que, ¡manos a la obra!-
El Eliminador satisfecho por la actitud de su nuevo cliente, se prepara, toma el arma, encañona y observa detenidamente por la mira telescópica. Pasan segundos, que se convierten en minutos y el Eliminador continúa apuntando en posición de ataque, hasta que unos ocho minutos después, el cornudo individuo, impaciente, le dice:
-¿Qué esperas? ¡No aguanto más la rabia! ¿Por que no disparas de una buena vez? –
“Sólo un poco más amigo… ¡Estoy a punto de ahorrarte diez mil dólares!

(El que le entendió se rió y el que no… vaya con quien más confianza tenga y pídale una interpretación.)