Los Sabores De La Cuaresma

A continuación, les presento algunas comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa

En Latinoamérica así como en la Península Ibérica, existe una estrecha relación entre la comida y las fiestas de carácter religioso. Dos son las temporadas del año en que ocurre de una manera más marcada. Una de ellas es la época Navidad y la otra la vivimos durante los tiempos de cuaresma y Semana Santa, cuando las vigilias y ayunos marcaban las comidas de estas fechas.

La prohibición de comer carne, hace que aparezcan en los menús, potajes con verduras, guisos de bacalao, platos con verdura de temporada, algunos otros preparados con lácteos y una gran variedad de maneras de preparar los pescados, mariscos… y, el complemento de una buena comida, postres y dulces.

En casa de mi madre se guardaba la vigilia desde el Miércoles de Ceniza hasta el Viernes Santo. En esos días y cada viernes intermedio desayunábamos y cenábamos solamente un té, pero a la hora de la comida nos servía platillos tan ricos que nunca creí que eso fuera un sacrificio… entre las especialidades que más recuerdo se encuentra el caldo de habas guisadas con jitomate y cilantro y acompañadas con bastante queso fresco, también estaban los chiles rellenos, las enfrijoladas, entomatadas rellenas de queso, las pescadillas; que no son más que unas quesadillas o empanadas hechas con harina de maíz y rellenas con pescado.

Recuerdo que mi madre sazonaba el relleno con jitomate recién cortado, cebolla, ajo y hierbas aromáticas que le daban un sabor ¡exquisito! Para mi, el regreso a casa, de la escuela, los viernes de cuaresma eran los que más esperaba y disfrutaba, casi igual que el Día de Reyes o el Día del Niño… ¡Qué recuerdos!

La tradición cristiana y católica predominante en los países latinoamericanos así como la diversidad cultural han inspirado las comidas típicas de la Cuaresma y Semana Santa. En estas costumbres culinarias se conjugan la herencia hispana, los sabores indígenas y el aporte africano.

A continuación, les presento algunas comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa en siete países de América Latina.

1. Bolivia
La tradición boliviana dicta que se sirven en la mesa doce platos para conmemorar la Cuaresma y Semana Santa. Aunque en la actualidad algunos han disminuido la cantidad. El menú tradicional incluía varios potajes a base de pescado, papas, arvejas, calabaza, queso, huevo, quinua, maíz y hasta un caldo de algas.

Un platillo emblemático es el queso humacha. Ésta es una preparación a base de cubos de queso criollo, rehogado de cebolla y habas y huacatay, una hierba típica de los parajes andinos de Bolivia y Perú, muy aromática. De postre: arroz con leche rociado de canela.

2. Colombia
La gastronomía colombiana ofrece varios tipos de pescados para los días santos: mojarra, bagre, bocachico o cachama. Las comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa van con el pescado seco o ahumado. También pueden ser fritos, acompañados de arroz con coco, ensalada y patacones, plátanos chorreados o yuca.

Si se trata de postres, el protagonista de la Semana Mayor es el Mongo Mongo. Un dulce a base de piña, mamey, mango, batata y plátano amarillo en almíbar.

3. Costa Rica
La cocina de Costa Rica es una muestra del mestizaje entre la herencia europea y el pasado indígena. El pescado preferido es el bacalao, en distintas presentaciones. Este va servido con arroz con palmito y tamales mudos (sin relleno o rellenos de frijol).

De postre, en la mesa tica no falta el dulce de chiverre, la misma chilacayote de Guatemala, solo que servida en almíbar.

4. Ecuador
La fanesca es de las comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa más elaboradas del continente. Esta sopa ecuatoriana se prepara con bacalao, zapallo (calabacín), zambo, habas, chochos, choclo (maíz), arvejas, porotos (frijoles), arroz, cebolla, ajo, comino, achiote, maní, leche, crema y queso.

Por si esto fuera poco, la fanesca se sirve acompaña con rodajas de huevo duro, plátanos fritos, curtido de cebolla perla, queso fresco y empanadas de viento, (unas empanadas rellenas de queso y cebolla, que luego de fritas son espolvoreadas con azúcar).

5. Guatemala
En el país más grande de América Central, el menú de la Cuaresma y Semana Santa incluye los platos a base de pescado blanco seco, que se hidrata y se guisa, acompañados con los tamalitos de viaje, un bollo de maíz cocido en su hoja.

Para beber se prepara el fresco de chilacayote, un jugo a base de una fruta familia de la calabaza; y de postre los garbanzos en miel, una presentación poco común de esta leguminosa en almíbar.

6. Perú
En la rica gastronomía peruana hay varias comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa. El picadillo de paiche, un pescado de la amazonía peruana, atrae por igual a peruanos y turistas. Igual ocurre con la patarashca, un potaje propio de estas fechas, preparado con pescados de río aderezados con sacha, culantro, ajo, cebolla y sal.

Si eres amante de las sopas puedes optar por el chupe de pescado o la sopa de choclo. Otra opción es la malarrabia, a base de plátano maduro y queso fresco, que se sirve acompañado de sudado de pescado.

7. Venezuela
El pastel de chucho o cuajado de pescado son comidas típicas de Cuaresma y Semana Santa en Venezuela. El primero es de la Isla de Margarita, el segundo del oriente y de Guayana. En esencia, son recetas muy parecidas con algunas variantes propias de cada región. Es un pastel de pescado guisado, seco o fresco, entre rodajas de plátano o papas.

En los llanos venezolanos, se prepara el pisillo de chigüire o capibara, un enorme roedor que vive sumergido en los ríos que inundan la sabana. Se desmecha la carne y se guisa. El chigüire efectivamente, sabe a pescado porque de eso se alimenta.

Entre los postres para la cuaresma y los días santos, está el dulce de cabello de ángel, que es la misma chiverre o chilacayote, o el majarete, un postre a base de harina de maíz y leche de coco.

Los iberoamericanos que hemos vivido en nuestros pueblos las hermosas tradiciones, y que hemos saboreado los exquisitos platillos típicos de esta temporada, nos reusamos a dejar atrás nuestras costumbres. Por eso, a pesar de llevar tiempo viviendo lejos del lugar que nos vio nacer, y que en ocasiones es difícil conseguir los ingredientes para preparar esos manjares, propios de la Cuaresma y Semana Santa, seguimos insistiendo en mantener viva la tradición y dejarla como legado a nuestros hijos y nietos.