“Sancho” por Casualidad

si le digo que estoy esperando a que pase el tren, no me lo va a creer...

Lo que les relato a continuación, es un caso real que viví cuando estaba recién llegado a la Ciudad del Charco Chamoy. -Es que, por esto de la sequía extrema, lo que antes era lago ahora parece charco.-

Ya ven que cuando uno recién llega a los yunaites busca trabajar en donde no se tenga que hablar inglés y, en mi caso, fue de ensamblador de muebles en una mueblería hispana, local, que se llama Melissa´s Furniture.

Andando en esos menesteres, resulta que una vez llega hasta el susodicho changarro una ñora de más o menos buen ver, quesque con la finalidad de mercar un armario.

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Me cuentan que pa -que le saliera más barato se lo quiso llevar desensamblado, para montarlo ella en casa y ahorrarse así el cargo par armarlo, pero, porque siempre debe haber un pero, ¿verdad? Si no, no les estuviera ahorita contando esta historia.

Pues como les decía, al llegar la ensabanable mujer a su cantón, se dio a la tarea de armar el susodicho armario, valga la rebusnancia, que a decir de ella misma le quedó perfecto, pero, (este pero es complementario y continuatorio) en ese momento pasa el tren carguero hecho la M … uy rápido y, come ella vive justo a una cuadra de las vías del tren, el armario cae deshecho al suelo provocando un gran estruendo.

Encabritada, (dice ella que así se puso, pero en aumentativo) vuelve a ensamblar su mueble y al terminar pasa de nueva cuenta el tren silbando y moviendo todo a su alrededor, par lo mismo consiguiente, el armario se cae en piezas de nuevo…

Tras el tercer intento y con las mismas consecuencias, la sabrosa, perdón quise decir la señora, más que cabreada quedó empu … recida. Sin remedio, llama a Melissa´s Furniture, explica el problema y le dicen que le enviarían a un técnico experto en ensamblaje de muebles. Ese técnico resultó ser nada más y nada menos que su seguro servilleta.

Recuerdo que, al llegar, aprecié mejor los atributos de la doñita, mismos que yo sólo miré de reojo cuando fue a la tienda, como algo meramente técnico, nunca a manera de chisme o lujuriedad. Bueno, decía yo que al llegar y ver las condiciones en que se encontraba la cómoda de la señito, o el mueble; pa´que mejor me entiendan; me apresté de inmediato a darle tratamiento y, en cuestión de minutos, el armario quedó armado, pero… en un dos por tres, se escucha el silbido del tren anunciando su paso y todo comienza a cimbrarse. Come consecuencia, ¡Brruuuuummmmm!, el armario cae desmoronado otra vez.

Con mucha pena y extrañeza vuelvo a armar el armario, (y esto no es pleonasmo, ¡me cay de may que NO!), al terminar llamo a la seño y le sugiero lo siguiente:

“Mire, me meteré dentro y cuando pase el tren, desde dentro, veré mejor por dónde cae.”
Con mucho cuidado me introduje al mueble y en aquel memento llega el marido de la mujer:
-Cariño, ¡que armario tan bonito!-
Abre la puerta, me ve ahí en cuclillas, y me dice:
-Y, usted, ¿Qué hace ahí?-
Apen … tontado pero con mucho valor me atreví a decirle:
“Mire, yo creo que mejor le diré que soy el sancho y que al escucharlo llegar su mujer me escondió aquí, porque si le digo que estoy esperando a que pase el tren, no me lo va a creer…”