En el Asilo

El nieto, extrañado y preocupado pide hablar con la enfermera en jefe

Un joven y exitoso ejecutivo, que por azares del destino sólo cuenta con su abuelo de 85 años como única familia, se ve forzado a internarlo en una casa-hogar, ya que recibe una promoción y su nuevo cargo laboral requiere que viaje con mucha frecuencia.

Como era de esperarse, el joven elige el asilo más prestigiado del estado y le contrata los mejores servicios para que su querido abuelo se sienta como de vacaciones.

Al regresar de su primer viaje, que duró semanas, lo primero que hizo fue ir a visitar a su abuelo. Al llegar al seniors-resort le informan que su abuelo se encuentra jugando golf con sus octogenarios buddies. Pide ser trasladado hasta el campo para saludarlo y ya en presencia de su grandpa, después de los abrazos de rigor, conversan lo siguiente:

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-¿cómo te va abuelo?-
“De maravilla”.
-¿Qué tal la comida?-
“Exquisita. El menú es muy variado, todo lo que sirven es muy saludable pero sabroso y los que atienden son excelentes”.
-¿Y las enfermeras?-
“No podrían ser mejores. Estas jóvenes lo atienden a uno ¡de las mil maravillas!”
-Y qué tal de noche ¿duermes bien?
“Sin ningún problema. Nueve horas seguidas cada noche. A las 10pm me traen una taza de chocolate y una pastilla de Viagra y con eso me apago como una lámpara hasta el día siguiente”.

El nieto, extrañado y preocupado, antes de dejar aquel club vacacional para personas muy mayores, pasa a recepción y pide hablar con la enfermera en jefe, a quien le dice:
-¿Qué están tratando de hacer con mi abuelito? Me dice que le están dando Viagra todas las noches. ¿A su edad? ¡Por favor! Es un anciano de 85 años, ¡espero que eso no sea cierto!
Y la enfermera en jefe le contesta con plena confianza:
–¡Oh sí! Todas las noches a las 10 le damos una taza de chocolate y una pastilla de Viagra. Funciona increíblemente bien. El chocolate lo pone a dormir y la Viagra evita que se ruede de la cama.